Homilía inicio de la Independencia

Homilía inicio de la Independencia

Comisión de la Comunicación de la Diócesis de Azcapotzalco

15 de septiembre 2020

 

Hoy mismo en la mañana al repasar los noticieros puse especial interés en la consulta nacional para ver el probable juicio a los ex presidentes o no. En lo personal estoy cansado de oír la palabra: “Enemigos, Conservadores, Élite del poder y demás adjetivos”. Por lo que, algunos afirman que el ambiente actual de nuestra patria, es de división y discordia. Que no hemos sabido convivir civilizadamente como mexicanos.

Según Aristóteles, la discordia toma lo que es del otro y le devuelve lo menos posible. Eso genera resentimiento y odio. El ambiente actual parece ser en el que, tenemos algo contra alguien, y se olvida aquello que dice el Evangelio: si tienes algo contra tu hermano, ve, deja tu ofrenda y reconcíliate con él. Al ver y observar, que quien debería dar justicia hace lo que desea y administra esta justicia con quien quiere, y con quien no quiere, ni lo toca, se crea un sentimiento de frustración que hacen decir ¿Tenemos algún motivo para dar una fiesta en este momento? ¿de verdad, tenemos algo qué celebrar?

Hermanos y hermanas, la carta de los Obispos mexicanos, la carta llamada “Conmemorar nuestra historia desde la Fe”, en el número 17, al citar el mensaje de Pío X, dice que es válido festejar este acontecimiento. Pero más que una expresión lúdica y folclórica, en este momento debemos hacer un serio examen de conciencia y un “dar gracias” por el don de la solidaridad, que mal que bien tenemos, y fue conquistada por hombres y cristianos valientes.

Esta fiesta nos lleva a pensar que debemos conservar este “don del cielo”. Pues si la solidaridad no se defiende, tarde o temprano será vendida al mejor postor. Y como mexicanos debemos comprometernos a cumplir cada quien, con su misión cristiana, que mejore el estilo de vida en el marco de la Fe. No es válido que el cristiano se sienta ajeno a nuestro querido País.

En síntesis, sí tenemos algo qué festejar y conmemorar. Nuestro festejo el día de hoy, se traduce como un desafío y un reto, más que una simple fiesta. Festejar la independencia es comprometerse con ella. Por lo cual, para todo católico es legítimo y necesario dar gracias por el don de la solidaridad; pero es imperativo que nos comprometamos y nos sumemos a la construcción de México, especialmente el día de hoy. Pues sin compromiso, todo es vaciedad y caos.

Es por eso, que como aquellos hombres que lucharon, si pretendemos festejar esta fiesta, que ésta vaya más allá de una simple noche mexicana.

Y que nos haga pensar que, como nos afirma el documento de los Obispos mexicanos, que festejar a México, es trabajar más, para que haya muchísimos mexicanos enteros y generosos; que tengan un noble corazón, que nada le quiten al otro y que beneficien a muchos. Si, se requiere que haya más mexicanos que, aun rodeados en la división actual, influyan en el contexto actual, siendo instrumentos de concordia y marcando un rumbo a seguir.

Sólo con un corazón generoso y lleno de sentimientos de “conversión”, podremos quitarnos la discordia y resentimiento en nuestra sociedad. Y, por ende, terminaría toda división entre nosotros.

Santa María de Guadalupe, Reina de la Paz, intercede por nuestra nación. Y que Viva México.

Director de los Medios Digitales de la Diócesis de Azcapotzalco
Instagram: ramses_oliver

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